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Durante cientos de miles de años, la especia humana ha estado experimentando todo tipo de dificultades y enfermedades. En nuestro siglo XXI estamos más que acostumbrados a buscar la atención profesional cuando experimentamos síntomas de dolor corporal. Sin importar la región o el tipo, en cuanto sentimos dolor nos acercamos a un médico para que nos cheque y revise.

Dado que asociamos la atención médica y profesional con un acto de responsabilidad, cuidado y salud, la prevención nos sirve para atender todo tipo de fenómenos y enfermedades que no llegan a ser graves. Pero esto se da por nuestra decisión de atendernos. Para buscar esta prevención, debemos captar los síntomas que, la mayor parte del tiempo, son perceptibles, visibles o experimentamos en nuestra vida cotidiana.

Sin embargo existe una enfermedad que escapa a todos estos rasgos visibles, temporales, comparativos, perceptibles y que, por más que experimentemos sus consecuencias, no tomamos de manera seria. Esta es la depresión, enfermedad que actúa poco a poco con el pasar del tiempo, afectando nuestro estado de ánimo, voluntad para vivir, ritmos de sueño, periodos de hambre, disminución de actividades y voluntad por vivir.

Por mucho tiempo la depresión fue considerada un estado de la personalidad o una falta de voluntad, cuya cura suponía resolverse con un “échale-ganismo”, echarle ganas, ponerse las pilas, moverse, olvidarse de las cosas, seguir adelante, etc. Pero ahora se sabe que la depresión es una enfermedad como lo es la diabetes, problemas cardiovasculares, hiper o hipo tiroidismo, y muchas enfermedades más.

Si es importante recalcar que la depresión es una enfermedad, es para recordarle a las personas que los síntomas suelen ser confundidos con otro tipo de juicios y adjetivos que añadimos de forma prejuiciosa: flojera, dormir mucho, llorar, quedarse callado, ausentarse, debilidad, excluirse, dejar de socializar, no hablar, excusarse, etc. Y si nos resulta fácil buscar ayuda cuando alguien se desmaya en la calle, aunque no lo conozcamos, debemos preguntarnos: ¿por qué nos resulta tan difícil buscar ayuda cuando un familiar presenta todas las características de síntomas de depresión?

La depresión es una enfermedad con los índices más altos de co-morbilidad con el suicidio. Y los porcentajes de suicidio e intentos de suicidio no dejan de subir en las últimas décadas, año tras año. Por lo que la mejor forma de tratar la depresión es con la prevención. Y en estos actos de prevención se encuentran los factores de la salud mental.

Ante síntomas, sospecha o diagnóstico realizado por un profesional en la salud mental, la depresión tiene una mejor probabilidad de ser atendida si se hace de forma preventiva. La prevención es la mejor solución y DERIVA es una opción para generar una estrategia adecuada para prevenir, diagnosticar y tratarte con los profesionistas más óptimos para las circunstancias personales de cada individuo.

¡No te quedes callado!

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Busca atención y recuerda que siempre hay alguien que te apoya.

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