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La personalidad suele ser concebida como algo fijo, pero no es así. Aunque vivimos en un mundo lleno de etiquetas y diagnósticos, debemos comprender que no todo permanece y, como bien afirmaba Heráclito, nada perdura.

Así es como en la psicología, todo el cúmulo de conocimiento que se especializa en realizar pruebas para generar diagnósticos, se encuentra basado en análisis que deben mantenerse renovados y combinados con otros juicios, pues los absolutos en la psicología no existen. Absolutos que deben diferenciarse de juicios subjetivos, que no pierden validez. El punto medio entre lo estático y lo cambiante es, efectivamente, el espacio en el que la mayoría de conceptos psicológicos se encuentran.

En el ámbito psicológico, la personalidad es usualmente medida a través del uso de encuestas y formularios específicos. Desde pruebas psicometrías hasta cuestionarios de valoración psiquiátrica. Dentro de estos modelos las personas no sólo contestan preguntas, sino que se relacionan con su posición (identidad y valor) ante la pregunta. Esto quiere decir que responden después de evaluar(se) su propia conducta ante la pregunta que se les emite. Lo que genera que creen nuevos parámetros de autoevaluación muy lejos de la respuesta (objetivamente) «honesta».

Las encuestas y formularios contienen preguntas que predeterminan un «set» específico de conclusiones, en donde se catalogan las diferencias de personalidad mediante resultados diferenciales y comparativos. Pero la persona que responde el cuestionario usualmente se valora en el contexto de los demás. Lo que significa que responde idealmente, no realmente y, aún así, ambas son respuestas verídicas.

Por ejemplo, una persona que es la más radical dentro de sus familiares y grupo de amigos, puede describirse como «extrovertido». Pero hace esto sólo después de compararse con su contexto, pues no tiene referencia de otro set de comportamiento. Desde su perspectiva, un juicio subjetivo, esta persona es extrovertida; pero desde una consideración con más variables, realmente es introvertida. Entre una posición y otra, entre el juicio individual y el colectivo, se corresponde el juicio subjetivo contra el juicio absoluto. Lo relevante es comprender que cada juicio absoluto cambia dependiendo de las variables que considera el estudio, cuestionario, interrogador, entrevistador, etc.

A esto se le llama el «efecto de referencia grupal». Cada prueba, cuestionario, etc., contiene un límite de variables que adquieren su valor en un límite de conclusiones específicas. Cualquier set de cuestionarios o pruebas lo tienen, pero abarcan distintos cúmulo de variables. Cuando una nueva prueba se vuelve oficial es porque mejora las variables a considerar. Sin embargo, aún siendo válida esta forma de análisis en el ámbito de la psicología, deben comprenderse sus limitaciones y verificar el significado de sus conclusiones.

No todo juicio individual es subjetivo, pero tampoco pueden ser absolutos. Es importante comprender que los diagnósticos no son absolutos. Y es responsabilidad de cada especialista explicar bien las implicaciones o modificaciones que deben hacerse, ante una conclusión que lleve a un diagnóstico o delimite un encuadre de personalidad.

La psicología no está para catalogar ni espantar, sino para comprender y delimitar planes de acción que mejoren y ayuden a todas las personas. Es por esto que deben comprenderse los límites y restricciones de cada herramienta clínica. Recordando que ningún encuadre es absoluto y final, sino que está sujeto a cambio y mejoría.

 

Bibliografía: https://www.gsb.stanford.edu/insights/turns-out-opposites-dont-attract-after-all

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