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El concepto de metapsicología fue usado en una época donde comenzaba a tener fuerza política y social el marco del ocultismo y la espiritualidad. Para la europa del siglo XIX, lo más relevante era encontrar bases racionales sobre el marco mecanicista de las leyes físicas que perduraban entonces. Los argumentos racionales eran estrictos, por lo que buscaban maneras de comprobar los fenómenos humanos.

Pero ante los fenómenos del ocultismo y la espiritualidad, la razón humana se quedaba corta o, para decirlo de manera distinta, simplemente no encontraban un método para delimitar y explicar los límites de dichos fenómenos. Para el siglo XIX, volver comprobables dichos fenómenos era una urgencia en toda Europa, tanto en Francia como en el Reino Unido.

Bajo este contexto llegó un neurólogo austriaco llamado Sigmund Freud, nacido en 1856. Después de haber sintetizado la cocaina para tratar su adicción a la morfina, buscó una manera de metodologizar el ámbito de los fenómenos inexplicables. Encontrando así un gran hueco teórico en la ontología de su momento, formuló los pilares epistemológicos de una práctica que llamó psicoanálisis. Hasta ahora se cree que es una ciencia, aún cuando no cumple los criterios de falsabilidad de Karl Popper.

Dicho psicoanálisis generó un impacto extraordinario en la comunidad científica europea, al establecer que existe algo más allá de lo que el ser humano conoce y percibe de su realidad, a saber, el inconsciente. La metapsicología adquirió entonces una concepción entre la primera y segunda tópica del psicoanálisis vienés. Sin embargo, nuestra concepción de éste concepto es sumamente distinta.

Cuando buscamos implementar un modelo que aplique a todo el ámbito clínico de una población, concentrándonos en los servicios psicológicos, generamos la posibilidad de una plataforma que articule la información de todas las escuelas «psi». Ante esto se nos presenta una situación particular, ¿cómo discriminar los criterios de selección entre una escuela y otra, entre una teoría y otra, entre una técnica y otra?

Para esto generamos un «corpus». Una base de información preexistente en las psicologías que se analiza para encontrar patrones de información clínica, presentes en todas esas escuelas «psi». Una vez encontrados dichos patrones, se eligen los más usados -repetidos- para establecer criterios de selección de información que fluye por todas las psicologías. Con esto se genera un archivo de «funciones enunciativas» particulares.

Al generar un archivo de datos se busca generar un principio de colecciones enteras sobre variables diversas: esto es nuestra metapsicología. En principio tenemos una infinidad de variables, por lo que buscamos, como para los Principia Mathematica, que cualquier afirmación acerca de una colección implique a toda la colección y no puede, ni debe, ser parte de la misma. (Watzlawick, Cambio, p. 44, nota #5). Los hechos de nuestra metapsicología serán los datos que dejan un rastro discursivo entre prácticas psicológicas. Esto se comprueba si recordamos que un hecho para Peirce es: “un elemento abstracto de lo real que corresponde a una proposición.” (II, Concepciones lógicas diversas, p. 344)

Desde las concepciones lógicas diversas, sobre variables recabadas desde la derivación psicológica, nuestra metapsicología de datos se posibilita por el hecho de que “una proposición es equivalente a una oración en modo indicativo. Por tanto, la definición sólo es una proposición si el definition es ya conocido por el intérprete.” (Peirce, p. 352)

Entonces partimos de una metapsicología con criterios distintos a los que usó Freud, antes de tantas adicciones y después de juegos semióticos sobre la gente adinerada, en un continente que buscaba matarse a toda costa; prueba de esto son las Guerras Mundiales.

Nuestros nuevos fundamentos para una metapsicología parten de que “lo que llamamos “hecho” es algo que tiene la estructura de una proposición, pero que se supone que es un elemento del universo mismo. El fin de todo signo es expresar los “hechos” y, al unirse con otros signos, acercarse lo más posible a determinar a un intérprete que sería la Verdad perfecta, la Verdad absoluta y, como tal, sería el mismo Universo.” (Peirce, p. 380)


Referencias.

Russell, B. (2011). Principia Mathematica. Mexico: Nuevo Mundo.

Peirce, C.S. (2012). Obras Completas. Mexico: Fondo de Cultura Económica.

Watzlawick, P. (2015). Cambio. México: Herder.

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