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Man drawing the outline of a businessman stopping the domino eff
Man drawing the outline of a businessman stopping the domino effect in a conceptual image on gray background.

“Subsecuentemente”, “después”, “secundariamente” es como Strachey traduce el término freudiano “nachtraglich” (Laplanche, 2012, p. 44), que hace referencia al hecho de que nuestra conciencia construye nuestra realidad en dos tiempos. También se intenta traducir “Nachtraglichkeit” como “posterioridad” (Laplanche, 2011, p. 43) cuando, a falta de adverbio el adjetivo se vuelve sustantivo. Su traducción es ampliamente comentada por Jean Laplanche en sus cursos de 1989–90, así como en su libro “Vida y muerte en psicoanálisis”. A lo largo de esta nota comentaremos la implicación de este término dentro de la construcción mental, ya sea consciente o inconsciente, en la cotidianidad de nuestras vidas y su relación con la identidad que percibimos ser. Lo que es relevante considerar con dicho término es la ruptura temporal que implica, pues la temporalidad lineal que siempre suponemos habitar es puesta en duda por los eventos más pequeños de nuestra existencia.

¿Nuestra conciencia rompe la temporalidad lineal de los eventos percibidos? Parece ser que sí, pero para entender esto debemos hacer un breve recorrido sobre la supuesta forma de percibir el mundo. Primero entra en juego la percepción del entorno, posibilitada por nuestros sentidos y la escena que perciben; en segundo término encontramos el recuerdo de la escena que, usualmente, acompaña y añade características que la primera percepción no tuvo. Esto quiere decir que nuestro cuerpo percibe el mundo a través de los sentidos, que se sintetizan en nuestro cerebro por medio del sistema nervioso central. De estos sentidos, es el olfato el que no pasa por una región llamada “tálamo”, que actúa como receptor de todos estos registros sensoriales. Y de todas las señales que entran a nuestro cerebro, su procesamiento se analiza en distintas regiones cerebrales aunque, en última instancia, su unión posibilita una experiencia que nos vemos obligados a llamar: mente.

En muchas ocasiones se suele hacer un uso variado de los términos cerebro y mente, ya sea para usarlos como sinónimos o para diferenciarlos en su modo anatómico y dinámico: siendo cerebro el término anatómico y mente el referente dinámico. Sin embargo, la experiencia total de las virtudes de nuestro cuerpo genera un proceso que es el que permite al lector hacer “conciencia” de estas palabras que sus ojos le permiten leer en este específico momento. Ahora bien, ¿de dónde proviene esa voz interna que escucha o le permite comprender que estas palabras se están refiriendo a la experiencia directa en este momento? Si el lector nos ha seguido hasta ahora, se habrá dado cuenta que hemos dado en el clavo y que experimenta las volteretas temporales que el pensamiento le posibilita.

En un primer término se experimento la posibilidad de hacer uso de sus sentidos para leer las palabras, en un segundo término registra un proceso de significación del mensaje. Mensaje que se encuentra mezclado en la primer percepción. Así que el primer momento fue el uso sensorial y el segundo término lo que significa. No es necesario que este significado provenga inmediatemente, de hecho está mediatizado por el lector mismo. Pero como hacemos referencia a una diferencia de pocos segundos, tendremos que cambiar el panorama y alargar el tiempo para hacer ver el fenómeno de la “posterioridad”.

Ahora bien, si tratamos de recordar un evento de hace meses o años caeremos en cuenta del fenómeno al que refiere el concepto freudiano “nachtraglich”. “En realidad, se trata de un vínculo entre una escena y el recuerdo de la otra escena.” (Ibid., p. 49). Esto quiere decir que al recordar un evento de hace meses o años, el hecho mismo de recordarlo posibilita la modificación de sus elementos en su significación. El psicoanálisis seguirá la línea de lo reprimido, pero aquí exploramos el término “nachtraglich” en sus líneas (posibilidades) existencialistas. No es entonces raro que Freud haya usado el término tan pocas veces en sus primeros escritos, para no hacer uso de él posteriormente. El término imposibilitaba el establecimiento represor de “La escena” traumática que podía ser modificada por el devenir mismo del sujeto, y eso no le daría solidez a sus pulsiones ni a su complejo edípico ni a la clínica psicoanalítica. Pero ya indagaremos en ese tema, en donde el término modificaría el devenir institucional del psicoanálisis. Es por esto que el término nos permite evocar la atemporalidad del espacio mental, dentro de los supuestos líneales de los eventos.

Cuando experimentamos un evento cualquiera, lo hacemos por nuestros sentidos. Después, nuestros sentidos lo reconstruyen para significar lo sucedido: es ahí cuando se genera una escena. Ya sea que haya pasado un segundo, un mes, un año, una década, el recuerdo del evento se ve modificado por la reconstrucción en su recuerdo. En una línea temporal que va de X a Z, el evento (X) no es X sino hasta que se ve desde Z; para entonces ya ocurrieron otros eventos (Y). Esto se nota más en eventos con mucha energía, ya sea que los denominemos traumáticos o maravillosos. Si una persona vive un accidente, su experiencia durante el accidente es tan casual como la experiencia de caminar en un día soleado por la calle, lo que lo vuelve especial es el recuerdo del mismo, ya sea que pase un segundo, una semana, un mes, un año o una década. En el recuerdo se añade la significación de lo ocurrido y entre más recordemos un evento, más lo resignificamos.

¿No has notado, querido lector, que gran parte de los temas que se hablan en conversaciones agradables son recuerdos de un patrón de eventos pasados y específicos? Esto es, adjetivizándolo, un Nachtaglichkeit. Estos recuerdos de eventos permiten revivir una escena para modificar lo ocurrido. En situaciones traumáticas (guerra, violaciones, torturas, abusos, pérdidas, etc.) se hace uso del recuerdo para revivir y posibilitar la comprensión de lo ocurrido y, paralelamente, sanar lo que fue dañado. Aunque el daño haya sido “nachtraglich”, es decir, posterior, su solución, superación, comprensión, sanación, pueden ser llevados a cabo con esa posterioridad. Esta perspectiva nos la enseñan los eventos que recordamos con alegría, tranquilidad, optimismo, etc., pues esos valores vienen significados en el presente y los resignificamos en la escena pasada (reconstruida).

Esto quiere decir que la segunda consciencia nos permite mejorar, sanar o revivir lo “pasado” desde nuestro presente. Es un proceso tan rápido, mecánico y cotidiano que no lo percibimos. Pero si hacemos el esfuerzo, podemos darnos cuenta de la importancia y relevancia presente de nuestras decisiones actuales. Esto quiere decir que estamos constantemente reconstruyendo nuestro pasado, no desde los sentidos que lo percibieron sino desde la significación añadida “aprés-coup”. Este “aprés-coup” es el término francés para hacer referencia al concepto freudiano y alemán del fenomeno de la “posterioridad”.

De todas las herramientas que existen para mejorar, comprender, tratar cualquier tipo de conflictos internos, la psicoterapia Gestalt posibilita la explotación de dicho término -aunque su teoría no lo haga. Si consideramos la psicoterapia Gestalt desde la perspectiva de Claudio Naranjo en su libro “La novísima gestalt”, resulta que “es 50% de atención y 50% de espontaneidad” (Naranjo, p. 7). Esta atención, usada desde la espontaneidad del presente, permite que los cambios sean desde la “posterioridad”. Resultará difícil aceptar una combinación tan radical de términos entre escuelas teóricas, pero esto no lo vuelve una falacia. Pero esta segunda conciencia se encuentra como herramienta que nos permite atender lo pasado como construcción presente del porvenir significado. Lo que Raluca Soreanu (2018) trató de justificar en su aparato de captura psicoanalítico bajo el nombre de Orpha, como un “constructo metapsicológico que desafía cualquier oposición entre el impulso de vida y el impulso de muerte” (p. 117). Desafortunadamente Raluca se justifica en Ferenczi, autor que nunca estableció ningún tipo de explicación sistemática fuera de sus diferencias y cartas con Freud y, a parte de todo, su propuesta práctica es ir al sillón psicoanalítico: “the couch is where working.through happens” (p. 41).

A diferencia de Raluca, la segunda consciencia implicada en el término “Nachtraglich-keit”, permite que cada persona tenga la posibilidad y capacidad de arreglar, mejorar y superar todo tipo de evento. Y las herramientas se encuentran a su disposición, son eternas y gratuitas. El arte, la comida, el canto, bailar, observar, respirar; no hay mejor terapia.

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