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Un ideal en la existencia del ser humano se ha repetido civilización tras civilización en el que se tiene como algo aceptado y normal la elevación del individuo. Ya sea en lo económico, lo profesional o lo personal, tratamos constantemente de trabajar para mejorar hasta el grado de elevarnos, crecer y conseguir ese momento climático en donde podremos decir: “lo he logrado”.

Para unas personas esta elevación consta en terminar una carrera, para otras en lograr doctorados. Es muy común conocer personas que tienen la idea de conseguir una cantidad de dinero exorbitante, mientras que en otros casos el objetivo es el éxito de tener una empresa y lograr que crezca y sea conocida nacional o mundialmente. Puede que el éxito en otras personas sea ayudar a los animales o personas pobres o violentadas. En otros casos la elevación es un clímax introspectivo que consta de una paz interior o una tranquilidad que les permita disfrutar de la vida y ser felices, en el sentido de silenciosos. Incluso hay casos cuya elevación pueda ser religiosa y busquen conseguir el cielo, unirse con el Todo, contactar con el espíritu santo o, incluso, ascender hacia otro mundo o universo paralelo con especies más avanzadas.

Todos estos son ejemplos del ideal del ser humano, mucho más ligado a la fantasía que a la tierra. Por eso Nietzsche dice en sus fragmentos póstumos que: “Nuestra vida debiera ser un ir ascendiendo de meseta en meseta, y no un volar y caer -lo último, sin embargo, es el ideal del hombre de la fanasía: momentos de elevación y épocas de depresión” (4 [260], p. 587). Esta caída es sólo posible cuando se idealiza un objetivo y se vive para ese objetivo. Cuando el objetivo se logra, se busca otro y así, infinitamente, caemos en un juego de la mente en el que lo único que queda son caídas y momentos de elevación. Esta es la fantasía de los ideales.

En esto solemos basar el intento de equilibrar nuestra vida: en la evaluación de los momentos de ascenso y el soportar las caídas. Pero sólo existen caídas porque nuestros objetivos se centran en fantasías, unas más realistas que otras pero, finalmente, fantasías. Sin estas fantasías sólo nos quedarían mesetas que se unen por pasos que damos. La elevación pierde relevancia cuando nos concentramos en dar pasos firmes y constantes.

Sin embargo, en un mundo lleno de elevación, el ascenso de las mesetas se olvida y lo importante radica en las fantasías. El mayor riesgo de estas fantasías es que vivimos en un mundo de símbolos en donde la caída es la identificación total con lo que no hemos logrado ser de lo que podíamos. Y es aquí en donde la caída se condensa en todos los síntomas de una depresión: falta de ánimo, culpabilidad, frustración, sentimientos de tristeza, desesperanza, falta de interés por las cosas, pérdida del apetito, dormir mucho y, finalmente, ideación suicida e intentos de suicidio.

Aunque la depresión tiene todo un aparato fisiológico que la posibilita, es una enfermedad que se va construyendo y va progresando en la vida diaria de cada individuo. Por mucho que se tengan las condiciones que posibiliten la depresión, no se nace con depresión. La depresión va progresando y la mejor manera de tratarla es con la prevención. La prevención en sentido psicológico es una gran herramienta para personas que poco a poco comienzan a alejarse de lo que les gusta hacer y van presentando los síntomas mencionados previamente. Una vez diagnosticada una depresión, lo mejor es un tratamiento multidisciplinario entre psiquiatra y psicoterapia.

En DERIVA tenemos un pequeño ejercicio que debes realizar diario durante 2 semanas. Sólo debes responder honestamente la encuesta que presentamos a continuación:

Individual

Anota tus resultados y ve midiendo tu promedio de resultados. Si al final sales muy alto, entonces te recomendamos sacar una cita con uno de nuestros psicólogos derivadores, para poder trabajar en tu prevención y salud mental y emocional.

Recuerda que: “las convicciones son enemigos más peligrosos de l verdad que las mentiras” (Nietzsche, Humano, demasiado human, [483]).

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