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«En un tiempo en el que el parecer es más importante que el ser, hacemos radicar en el espejo nuestra dignidad.» (De la Garza, 2005)


Vivimos un momento de movimiento y cambio constante, en el que todo se vuelve dinámico. Desde los beneficios de algún servicio, hasta las problemáticas de cualquier actividad; lo natural se confunde, en lo cotidiano, con lo aceptado y callado socialmente. Así es como la violencia sexual se ha vuelto un patrón de conducta psicopático, enfocado hacia las mujeres en todo tipo de dinámicas y aspectos.

“Aquello que es considerado natural en el orden social, pasa por la tolerancia hecha costumbre y movida en sus diferentes niveles, ya sea por pactos abiertamente reconocidos o por formas cuyos matices sutiles y silenciosos logran que sea “imperceptible”: la discriminación hacia las mujeres, tanto en lo público como en lo privado.” (Novoa y Hernández, p. 348)

La mayor parte de los victimarios anónimos no son psicópatas que viven aislados y salen de vez en cuando a cometer crímenes horrendos, son personas con las que convivimos. Por su parte, los victimarios reconocidos son la pareja, personas cercanas o familiares de las víctimas: en el mundo la primera causa de muerte e invalidez permanente entre las mujeres de 16 a 44 años, es la violencia cometida contra ellas por parte de alguien cercano. «Este tipo de violencia causa más muertes entre las mujeres de ese grupo de edad que el cáncer, los accidentes de tráfico o la guerra.» (Novoa y Hernández, p. 350)

“Después del acto criminal, los horizontes son muy diferentes para la víctima y para el victimario. Para aquellas que sobreviven quedan las huellas de la crueldad y la difícil tarea de salir de su condición traumática. Para las que no lo logran, la mayor de las veces el anonimato y la indiferencia. Para los victimarios, la impunidad.” (Novoa y Hernández, p. 361)

“La marca que deja la impunidad en lo social, se traduce en el dominio de las desigualdades: las leyes para quien no tiene el poder de transgredirla y quedar impune. No sólo es violencia directa, sino también se lleva a cabo mediante la violencia simbólica que se ejerce con el silencio o la indiferencia.” (Novoa y Hernández, p. 352)

De ahí que resulte más importante que nunca poder ofrecer guía a servicios especializados ante cualquier tipo de casos. DERIVA se centra en esta problemática con una metodología que permite comunicar y contactar a las personas que sufren de violencia e impunidad, con especialistas capacitados y enfocados en ayudar con sus servicios. Todo esto sobre criterios de confidencialidad y circunstancias espacio-temporales que permitan dicha ayuda. Esto último quiere decir que, una vez que se contacta a DERIVA, se ofrecen servicios adecuados a los tiempos, espacios y capacidades económicas entre especialista e individuos.



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